martes, 6 de marzo de 2012

POKER Y SUERTE







Los grandes campeones de poker rara vez tienen estas cartas. Casi nunca tienen buenas cartas. Lo que ocurre es que han aprendido a jugar bien con las cartas que tienen. Alguna vez puede llegar una buena mano, es cierto, pero ellos saben que no es lo habitual. En realidad es como si tocara la lotería. No se puede vivir, ni mucho menos jugar y ganar al poker, esperando que a uno le toque la lotería cada vez. Este estupendo paradigma de la vida que es el juego del poker enseña que hay que alcanzar los objetivos con lo que se tiene: nivel educacional, experiencia, salud, recursos económicos, inteligencia. Combinándolos, manipulándolos, estableciendo estrategias y generando oportunidades es posible acabar ganando. Para lograrlo, habrá que pensar mucho y trabajar demasiado.

Entre los jugadores de poker se dice que el jugador que menos ganas de jugar tiene, ganará. Por este motivo es conocido el hecho que al proponerse una partida nadie parece decidido a tomar la iniciativa, y aún menos los jugadores experimentados. Ello es debido a que jugar sin demasiadas ganas es sinónimo de jugar libre de ansiedades, y la suerte no penetra por donde hay energías negativas, que son crestas, y sí en cambio tratando de rellenar los huecos creados por la "sublime desgana" que son valles.

Perseguir objetivos de manera neurótica y desesperada suele producir un efecto contrario al deseado. La voluntad debe ser perseverante, y el trabajo también. Sin embargo, la serenidad debe presidir los pensamientos y las actuaciones. Por eso no hay nadie más tranquilo que un buen jugador de poker. Nada parece conmover su impavidez. Y así, si una nube de buena suerte flota casualmente por allí, es posible que acabe depositándose sobre quién está tranquilo y no cree en ella, quien sabe si para hacerse reconocer.

En estos asuntos de suerte la cantidad de tópicos que circula es colosal. Yo voy a decir ahora algo muy arriesgado, a sabiendas que será políticamente incorrecto. Pero como estos artículos no van destinados a todo el mundo, me atreveré. Es un secreto, ahí va: desear buena suerte no da buena suerte. Es mucho más productivo decir: "¿mañana es el examen? Pues tranquil@. Desarrolla el tema pensando que le escribes una carta a tu tía. Tómate tiempo. Eres el/la mejor, aunque nadie lo sepa todavía.

Un antiguo alumno mío andaba enamorado la época que le conocí, y al parecer la chica le había dado varias veces calabazas. Mucho más adelante intercambiamos emails un tiempo y un día yo le pregunté que había sido de aquella chica que le traía de cabeza. Bueno, contestó, me casé con ella y tenemos dos hijos. Qué sorpresa, respondí, ¿y cómo fue eso? Sí, verás, dijo. Ya sabes que anduve meses tras la chica, que aparentemente no estaba interesada en mí. Y cuando dejé de interesarme por ella definitivamente, y sólo a partir de este momento, ella pareció interesarse en mí. Ahora comprendo que es porque para entonces yo ya había eliminado la ansiedad que hacía que mi acercamiento a ella resultara extrañamente negativo.






























¿Le ha gustado este artículo?  A Charles le encantaría saber si ha tenido alguna vivencia personal al respecto.


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