sábado, 12 de mayo de 2012

LA IMAGINACIÓN COMO HERRAMIENTA DE LA VOLUNTAD






La imaginación entra al servicio de la voluntad a partir del momento en que decidimos autoprogramarnos para ser ganadores es decir, para alcanzar nuestros objetivos de manera justa y razonable. Imaginar extensamente es probablemente un privilegio único de la especie humana y es el instrumento que nos concede libre albedrío, puesto que podemos programar y modificar la voluntad utilizándolo.

Imaginar lo que queremos ser y hacer es fácil pero requiere de un sistema operativo riguroso, sin el cual los conceptos imaginados se diluyen en el éter mezclados con pensamientos y deseos de todas clases, propios y ajenos. Se trata pues de la emisión y mantenimiento de imágenes cuidadosamente imaginadas, definidas con toda precisión y mantenidas con gran atención. Cuando esto es así, los pensamientos visuales inician entonces un proceso de acción sobre los automatismos instintivos y afectivos del subconsciente, y empiezan a modificar las tendencias de actuación en el sentido deseado.

El cerebro transmite impulsos específicos a los músculos para movilizarlos. Cuando el movimiento muscular es imaginado, el cerebro genera igualmente un impulso específico idéntico al del movimiento real. Esto significa, según una teoría llamada psiconeuromuscular, que los impulsos utilizan los mismos canales neuronales para ambas gestiones, creando estructuras de cierto automatismo según órdenes de la voluntad o de la imaginación indistintamente. La sola evocación del movimiento o de la acción dispara los impulsos.

Así resulta en definitiva que el sistema nervioso puede, por medio de repeticiones constantes, establecer un
patrón de conducta subconsciente capaz literalmente de cualquier cosa. La visualización repetitiva, acompañada por ejemplo de la evocación de olor y sonido cuando es oportuno o de cualquier otro signo periférico reforzante, acaba resultando en un patrón de comportamiento. El subconsciente es el disco duro que graba estos impulsos, como tantos otros que recibe de forma involuntaria, y todos juntos acaban conformando la personalidad y sus actuaciones.

Gracias a la función de la imaginación el ser humano puede programarse a sí mism@, siendo ésta probablemente la cualidad que lo ha hecho progresar tanto en relación a los demás animales, El ser humano es dueñ@ de sí mism@ si así lo desea. Deseo que convertirá en imaginación, y luego en motivación, luego en voluntad, luego en ilusión y luego en realización.










enlaces:

jose-antonio-marina.blogspot.com/
programa Redes rtve Eduard Punset: La imaginación de los bebés
@NeuroNow





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