sábado, 14 de enero de 2012

LA NOBLEZA DE LOS OFICIOS





El humorista Eugenio explicaba un chiste que era más o menos así:

Un hombre llama al interfono de una casa de pisos a las tres de la madrugada:
-¿Sí? -contesta una voz malhumorada.
-La nieve ha llegado esta noche a Chamonix -dice el hombre en el interfono.
-El espía vive en el 5º, gilipollas -grita el vecino.

Este pequeño monumento a la chapucería ilustra a la perfección por qué la mayoría de las cosas funcionan  mal en nuestras sociedades modernas. La profesionalidad no es nada que pueda improvisarse. Hay que estudiarla, hay que aprenderla, hay que practicarla, hay que vivirla. Hay que serla. Y también hay que aprender a tener un grado de dedicación y amor a lo que se hace digno de un profesional. De hecho, antes se pensaba que era imposible ser un buen profesional haciendo algo por lo que no se tuviera auténtica vocación.

 Con la gran diversificación primero y la general falta de trabajo después, ya no queda tan claro. Y sin embargo la profesión, en las sociedades donde existe una cultura del trabajo, ha sido desde siempre una verdadera prolongación de la identidad de la persona. Todavía hoy, en los países escandinavos, se conserva la antigua costumbre de encabezar una carta o escrito formal con el título profesional y luego el nombre de la persona: Sr. arquitecto J. Jensen o Sra. periodista U. Anderson. Y, que yo sepa, nunca nadie se da de menos de su profesión, por humilde que ésta sea, puesto que existe una conciencia aprendida en la escuela de que todas las profesiones u oficios son necesarios para que una sociedad funcione. Un día vi una carta dirigida al "Sr.entrenador de jinetes E.Rasmussen". Curioso, ¿verdad? Pues es que ésa era de siempre su profesión y así él lo comunicaba, orgullosamente.

Hace años existía una palabra estupenda para designar estas mecánicas: oficio. Hoy día, un oficio se interpreta como un trabajo manual artesano, dejando en general el concepto "profesión" para labores menos manuales como informátic@, médic@ o economista. Personalmente encuentro más exacto "oficiar" una actividad  que "profesarla", porque puede haber en la vida muchas cosas que se profesan pero no se ofician. Pero ya veo que es hilar demasiado fino. Además, como actualmente la gente cambia mucho de ocupación y estos trabajos no coinciden para nada con una supuesta profesión, han ido aflorando eufemismos como por ejemplo ¿cuál es su actividad laboral? o ¿de qué trabajas? Probablemente en nuestras sociedades actuales tan tambaleantes tengamos que conformarnos con simplemente respetar como profesional a quien cuida y vigila  todos los detalles de su trabajo; a quien tiene somatizados los entresijos de su actividad y ha desarrollado una vocación de servicio a la colectividad, lo que no es poco. Pero, ¿conoce usted mucha gente así?

Una vez, en el downtown de San Diego, California, me encontraba hurgando entre las prendas de montaña de una gran tienda de deportes. Un dependiente se me acercó y, amablemente, me preguntó si podía ayudarme. Le dije que sólo estaba mirando. Claro, dijo. Si me necesita estaré allí. Señaló. (me gustó esto: nada de presión pero dispuesto para la acción) Al rato encontré una preciosa chaqueta tres cuartos de las de "leñador de bosque", típicamente americana aunque nada chillona. Me la probé y me venía pequeña. Miré en dirección al vendedor y allí estaba él poniéndose en marcha. Necesitaría una talla más, le dije, ¿la tiene?
La tendré mañana por la mañana. No puedo pasar mañana. Se la llevaré a su hotel. Estaré en al aeropuerto, me voy a las dos. Se la llevaré al aeropuerto (el aeropuerto de San Diego está muy cerca del centro de la ciudad)  Así quedamos. Al día siguiente allí estaba él, en el aeropuerto, con la chaqueta. Me venía bien. Usted debe ser el dueño de la tienda, ¿verdad? -pregunté. No, soy sólo un vendedor que trata de hacer bien el trabajo por el que me pagan. Bien, si algún día monto una empresa me gustaría tener un empleado como usted, le dije, admirado. Ésta es mi tarjeta, -repondió. Hágame una oferta si llega el caso. Gracias.

La presencia de un auténtico profesional me emociona, porque veo en él/ella como sería la sociedad si todos, independientemente de la actividad, trabajáramos a este nivel. Lo que suele ocurrir hoy en día es justamente lo contrario (les dejo que adivinen en qué país sucede lo que sigue):

-Buenos días
-(silencio)
-Estoy buscando una batería para esta cámara de vídeo. Es de las de cinta; tiene unos diez años pero funciona bien. Con una batería nueva seguro que seguiría funcionando muy bien.
-No tenemos baterías para cámaras tan antiguas.
-¿Y usted sabe dónde podría encontrar una?
-No, no creo que la encuentre. (sonrisita sardónica) Todo este tipo de material está obsoleto y  descatalogado. Ya nadie usa cámaras así.
-Porque... comprar una cámara nueva de estas digitales que tienen ahí...¿son muy caras?
-De menos de 300 euros no se las recomiendo...
-Bueno pues...no sé. Ya me lo pensaré. Disculpe la molestia.
-No es molestia (sonrisita sardónica)
-Pues lo parece (muevo la cabeza)

Después de este último comentario mío la vendedora pone cara de "qué tío más raro" y yo me largo de la moderna tienda intentando sacudirme mentalmente la polvareda negativa que me han echado encima. Está claro que esta vendedora es muy poco profesional, pero aún más lo es su jefe, que es quien debería haberla instruído sobre qué se espera de ella en este puesto de trabajo. Pienso también que hay gente que tiene merecida la crisis.

Una mente profesional ha de educarse, y es la base para la construcción de un futuro próspero tanto a nivel individual como colectivo. No entender esto es derrumbar las oportunidades antes de que se presenten, gastar energías del  tiempo productivo en deshacer mal funcionamientos, ser atendido por personas equivocadas... y, sobretodo, no haber aprendido a asumir compromisos y responsabilidades, que son la base del funcionamiento de los mecanismos del progreso social. La nobleza de los oficios viene dada por los destinatarios de esa profesionalidad:  los alumnos, los clientes, los pacientes que, poniéndose en manos de un@ noble profesional sienten la inmensa tranquilidad de ver su necesidad satisfecha, de ver sus inquietudes desaparecer, de ver solución silenciosa a aquello que, por sí mismos, no podían ni les competía resolver.




CITAS:

La calidad nunca es un accidente; siempre es el resultado de un esfuerzo de la inteligencia. (John Ruskin, escritor británico del siglo XIX)

La propaganda desvirtúa el producto que, vendido a voces, pierde el silencio de su calidad (Juan Benet, escritor español del siglo XX)











lunes, 9 de enero de 2012

ENTROPÍAS

LA ENTROPÍA DEL UNIVERSO TIENDE
A INCREMENTARSE EN EL TIEMPO






Parece que la sujeción al tiempo que experimenta nuestro mundo material percute en una evolución que va del puro orden al puro desorden y es conocida como entropía. En efecto, nada material escapa a este destino unidireccional que hace que el bistec que nos comemos se descomponga en nuestro organismo en forma de elementos bioenergéticos asimilados (o eliminados), sin que ya jamás estos componentes puedan volver hacia atrás para formar el antiguo bistec que nos comimos. O que un jarrón de porcelana caiga al suelo y se rompa en mil pedazos sin que jamás éstos pedazos vuelvan a la mesa y recompongan el jarrón otra vez. Es la flecha del tiempo, el sentido en el que van las cosas sin que nadie sepa todavía por qué. Si usted no limpia su casa; si usted no se lava ni se corta el pelo; ni lava su ropa ni arregla su jardín ni repara ni sustituye ni restaura nada, al cabo de un año usted estará infeccios@, su casa repugnante e insalubre, llena de desechos, de insectos, de roedores; al cabo de veinte años será una ruina maloliente y usted será un esqueleto, y al cabo de cincuenta años todo habrá desaparecido. ¿Qué ha producido esta destrucción? La entropía. Una especie de fuerza del mal que hace que todo se desordene.


Es enternecedor constatar como el ser humano se afana perpetuamente en contrarestar en lo posible esta evolutiva dramática e inexorable que no puede detener (aunque sí combatir y retrasar) porque es propia del nivel más denso de la existencia: un nivel inmerso en la cáscara del espacio-tiempo. Inasequible al desaliento, ciego voluntario del final anunciado, el humano irá construyendo cosas como habitáculos confortables y entornos agradables que limpiará y ordenará constantemente. Transformará áreas selváticas en bosques limpios y civilizados, ordenando paisajes, cultivando jardines y huertos.  Reordenará la materia para formar objetos útiles y productivos, decorativos y benéficos tales que libros, bicicletas u ordenadores; desarrollará una ciencia médica que cure males y retrase la aparición y evolución de enfermedades y , en general, repare el cuerpo de sus progresivos achaques aún sabiendo que nada de esto va ser definitivo puesto que, más pronto o más tarde, al final siempre aguardará la misma destrucción. Pero hay vida mientras dura el combate y, aún más, el ser humano es el único animal que desde pequeñ@ es consciente de que habrá una muerte. Y, a pesar de ello, la lucha con la entropía continúa hasta el último minuto de su existencia en la seguridad que los que le suceden seguirán luchando.

Parece que el destino de los humanos consiste en descomponerse individualmente viajando por el espacio en un planeta donde todo se va descomponiendo, en un universo que se está descomponiendo, y luchar para que ello ocurra en el menor grado y en el mayor tiempo posibles. Observando todo esto debía resultarle fácil a Murphy formular su desgraciada ley. ¿Es posible que el sentido de la existencia humana física consista en luchar sin esperanza de victoria? ¿O es precisamente la oportunidad de luchar retrasando el final lo que constituye la victoria?

El cerebro de las personas se encuentra, como cualquier otra cosa, bajo la tiranía entrópica. Según estudios muy recientes publicados en el British Medical Journey, el cerebro empieza a experimentar una disminución de facultades (memoria y razonamiento principalmente), no a partir de los sesenta años como se creía hasta ahora, sino ya a partir de mediados los cuarenta. Mientras la expectativa de vida sigue creciendo, el deterioro natural del cerebro parece comenzar ahora más pronto.

La buena noticia es que el cerebro humano puede combatir la entropía por sus propios medios. Ese maravilloso hardware que todo humano posee es modificable por su propio software, la mente. Activable. Desarrollable. La gimnasia cerebral resultado de un pensamiento permanentemente sistemático, activo, estudioso, positivo, alerta, lleno de proyectos, no sólo impide el deterioro cerebral sino que desarrolla el cerebro, y me atrevo a decir que casi a cualquier edad. No puedo resistirme a mencionar el espectacular caso del físico Stephen Hawking, al que diagnosticaron una enfermedad neurodegenerativa con una esperanza máxima de vida de un par de años. Esto ocurrió hace casi medio siglo, y el señor Hawking acaba de cumplir setenta años lleno de una actividad mental que le ha llevado a ser uno de los científicos más clarividentes de nuestro tiempo. "La gente está fascinada por el contraste entre mis poderes físicos sumamente limitados y la inmensidad del universo con el que trato", dice Hawking. Es cierto. Nada podría ilustrar mejor el enorme poder de la mente humana, capaz en este caso de potenciar el cerebro hasta tan alto grado, al tiempo que mantener con vida el cuerpo paralizado que lo alberga.

La entropía puede ser también negativa. Esto ocurre cuando algo o alguien genera más orden en el sistema que el propio desorden contenido en la entropía. Así que la entropía negativa es algo muy positivo (la negación del mal es el bien). Por ejemplo: es fenomenal que las cosas estén siempre ordenadas y limpias, ¿no es cierto? Pues si se limpia más deprisa que se ensucia se genera un superávit de energía anti-entrópica. La mayor campeona de entropía negativa que yo he conocido y tratado durante años fué la señora Enriqueta la cual, armada con un delantal, una bayeta y un plumero pasó setenta años, de su vida de ochenta y cinco, limpiando y ordenando un mundo de casas familiares, oficinas, hoteles, locales y apartamentos. Verla "hacer" una habitación era un espectáculo colosal. En cuestión de minutos sacaba el polvo, fregaba el baño, cambiaba toallas, aspiraba la moqueta, ventilaba, hacía la cama con osito de adorno y dobladillo en la colcha y, en general, restablecía el antiguo orden perdido por la presencia de huéspedes. Me había cuidado de pequeño mientras limpiaba y arreglaba en casa de mis padres. Me tenía mucho cariño y yo a ella. Ya de muy mayor seguía trabajando en un apartotel al mismo ritmo de siempre. Un día le pregunté de dónde sacaba tanta energía limpiadora:
-Ay, hijo mío -respondió-, yo funciono a base de cafias
(se refería a un medicamento llamado cafiaspirina, que era una aspirina con cafeína, no sé si todavía existe)

Le dedico con mi amor este artículo a la señora Enriqueta porque estoy seguro que, estando ella en el paraíso, habrá allí siempre una garantía total de entropía negativa.







Link : 

grupoelron.org/fisicaastronomia/entropia.htm

















domingo, 8 de enero de 2012

MÚSICA PARA MENTES UN POCO OBLICUAS


WAGNER
Richard Wagner era una buena pieza. Hombre intolerante y testarudo, convencido de que era un genio colosal y superdotado y que las demás personas existían para su conveniencia, vivió más allá de sus posibilidades, tuvo numerosas y turbulentas amantes, generó una ingente cantidad de deudas y escapó a lugares diferentes para no pagarlas.
Fue expulsado de Alemania por revolucionario. Vivió en Suiza y después en Weimar. Muchos creían que estaba bastante loco. Algunas de sus composiciones así parecen testificarlo. Épicas y sublimes a la vez, muchas veces apocalípticas y otras trágicas, otras triunfantes a nivel de delirio, no pueden dejar a nadie indiferente. Décadas después de su muerte, los nazis se apropiaron de su música.










Para escucharla yo diría: cuidado amigos. Éste es un tipo de música que hay que estar un poco loco para entender. Su sublimidad reside en su potencia, en su mentalidad victoriosa más allá del destino, en su furibunda supremacía, en su romanticismo criminal.  Personalmente pienso que es una música  útil y disfrutable cuando la mente se encuentra en camino hacia arriba, cuando el proyecto personal está creciendo, cuando el cerebro está sintonizado con qué grande es el mundo y cuántas cosas quedan aún por hacer. Al contrario, si el estado anímico no es bueno o es depresivo o simplemente lánguido, la música de Wagner resulta demoledora. Richard te montará encima de un cisne volador que te llevará a unos cielos desconocidos o te sumergirá en un infierno en el que vas a llorar (que puede ser también una forma magnífica de sacudirse de encima la tensión acumulada). No recuerdo la película donde alguien dice a Woodie Allen:

-¿Le gusta Wagner?
-Desde luego, me encanta.
-¿Y lo escucha usted mucho?
-No, no lo escucho jamás.
-¿Ah, no? ¿Y por qué?
-Porque cuando lo escucho me dan ganas de...invadir Polonia.


PIEZAS IMPRESCINDIBLES:

El Holandés Errante
Los Maestros cantores de Nurenberg
Tannhauser
La cabalgata de las Valkirias
Los Nibelungos
El Ocaso de los Dioses
Tristán e Isolda
Parsifal


martes, 3 de enero de 2012

TATÁN DE TORTUGUERO



A las ocho de la mañana estoy sentado en un banco del pequeño muelle del barrio extrarradio de Puerto Limón al que llaman Buenos Aires. En Costa Rica todo el mundo se levanta temprano. Pero mi amigo Sebastián Palomares no está a la vista. El día es radiante y el sol empieza a quemar y, como siempre ocurre en el trópico, por el horizonte oeste ya asoman esos cúmulos blancos que irán avanzando por el cielo durante el día hasta que, a las cinco de la tarde, inexorablemente, caerá el gran chaparrón de una hora de duración. Bien, me como un par de bananas que llevo en el macuto.

El canal empieza en Puerto Limón y a veces serpenteante, a veces recto como un palo, a veces estrecho, a veces extremamente ancho; a veces aprovechando el meandro de un río, o la boca de un arroyo, o los ramales de una desembocadura; a veces con recodos inverosímiles entre el follaje de la selva, acaba llegando a Tortuguero después de una recta final anchísima, inacabable, por la que las lanchas de transporte circulan con el gas a tope por más de una hora. Desde Puerto Límón a Tortuguero, el viaje suele durar como cinco horas.

Tatán aparece a las nueve y media. Voy corto de gasolina, me dice, así que tenemos que detenernos y ver de comprar en Cocal o en Doce Millas, porque con lo que hay no creo que lleguemos ni a la Boca de Parismina. ¿Y aquí en Puerto Limón? Acá está hoy todo cerrado. Me acomodo en la lancha y Tatán enfila canal arriba.

Sebastián es un hombre nativo, alto, fuerte, moreno, selvático y ecológico. Sonríe siempre. Por aquí desembarcaron los primeros conquistadores, dice señalando unas playas que quedan a nuestra derecha con el mar al fondo. Todos los conquistadores son unos hijos de puta, le respondo, y Tatán se ríe por debajo de la nariz, sí, claro, son mejores los turistas, y da gas a fondo sobre la amplia pista de agua. Vamos a máxima velocidad, que es mucha, y nos cruzamos con una lancha cuyo patrón saluda a lo lejos. Al cabo de un momento Tatán reduce la velocidad al mínimo, salva la ola producida por la otra lancha, y en seguida regresa a la velocidad tope sobre el agua otra vez inmóvil. Después de mucho rato el canal se estrecha y Tatán detiene la embarcación en un recodo. Me hace un signo de silencio y señala un pequeño caimán que toma el sol sobre una roca. Y luego más arriba, en las ramas de un árbol, un mono perezoso que trepa al ralentí. Los típicos aullidos, graznidos y ronquidos de la selva suenan sobre nuestras cabezas. Los guacamayos vuelan entre el follaje. Las grullas dan zancadas en el agua y una cuadrilla de monos se escurre por la orilla de estribor.

En la boca del río Pacuare hacemos un alto. Yo tomo café en la cabaña y observo a Tatán que, a lo lejos, discute con un hombre de cabellos blancos. Vuelve al poco refunfuñando, gesticulando. Qué pasa, ¿no hay gasolina? Sí la hay, pero ese chingado de Juárez no quiere vendérmela, responde Sebastián. ¿Por qué no? Porque hoy es viernes santo y comerciar sería pecado según dice.

Hay que ir a buscar al cura. Si él no bendice la transacción, nos quedamos a dormir en Pacuare. Voy con Tatán por la selva. Los mosquitos nos atacan y tenemos que diluir un paquete de cigarrillos en agua y embadurnarnos con el mejunje (la receta es de Sebastián). Funciona. También funcionaría con gasolina, pero es justamente lo que no tenemos. Mira esta ranita minúscula megavenenosa con la que los indios antiguamente untaban la punta de la flecha. Llegamos a la cabaña que hace de iglesia del pueblito media hora más tarde. El cura resulta ser un tal padre Abundio y no está demasiado por la labor pero finalmente, por diez dólares para las almas del purgatorio y un par de cervezas, accede a venir con nosotros para emitir una indulgencia excepcional para comerciar en el día de hoy. Pronto estamos otra vez camino de Tortuguero.

Hemos recogido pasaje variopinto que se dirige a Parismina y a Jaloba, así que la lancha se ha llenado: campesinos con gallinas, ecologistas americanos de trekking y una pareja de ticos perfectamente elegantes que van de boda.

En Jaloba comemos lonchas de cerdo con huevos fritos en un puesto de bebidas junto al río; un titi del tamaño de una mano me sube al hombro para que le dé de comer. Lo cojo y se me agarra con las cuatro patas y enrrolla la cola en mi brazo. Tomamos café y salimos para Tortuguero con nuevo pasaje.

El último tramo del canal es infinito. Una hora de motor zumbante a máxima revolución sobre la amplísima franja de agua, y cuando finalmente se para siento más que nunca la paz del lugar. Desembarcamos y Tatán me lleva a su casa.
Es una choza bellísima, auténtica, con nevera y televisión y un jardín de césped natural cuidado y salpicado de palmeras por entre las cuales se atisban la playa y el mar. Enterrados en los arenales de esta playa yacen desde hace semanas los huevos que las tortugas depositaron y que se encuentran próximos a eclosionar. Faltan pocos días. Faltan pocas noches.

El proyecto es el siguiente: cuando los huevos eclosionan las pequeñas tortugas tratan de llegar al mar en seguida, pero el periplo no es fácil. Una cantidad ingente de depredadores, básicamente pájaros, las interceptan y se las comen. Hay tantas tortuguitas corriendo que algunos pájaros matan primero todas las que pueden para luego picotearlas tranquilamente. Muy pocas llegan al agua. Así pues, nuestro grupo ecologista ha diseñado una estrategia por la cual unas cincuenta personas se colocarán en la playa con grandes hojas de palma con las que mantener los pájaros a raya. La idea es lograr que el máximo número de tortugas llegue al agua, puesto que se trata de una especie que se encuentra en situación de posible extinción.

Tatán es escéptico e incluso contrario a las intervenciones. Él ha observado el fenómeno todos los años desde pequeño, y jamás nadie nativo ha intervenido en ésta o cualquier otra fenomenología biológica del país. Siempre se ha producido así, dice, y los pájaros también tienen que comer. Y los lagartos. Y los caimanes. Y los monos. Y las serpientes. Cenando con él me cuenta que un día escuchó a un viejo campesino rezando en la iglesia del padre Abundio. Decía: Señor, sálvanos de los que vienen a salvarnos, Señor.

 

sábado, 31 de diciembre de 2011

FELIZ NAVIDAD, FELIZ AÑO NUEVO

A menudo me preguntan si yo creo que la fe cristiana es compatible con el desarrollo de la mente y de la inteligencia en general. La respuesta es que sí, desde luego, aunque yo personalmente soy agnóstico. Y sin embargo me encanta la Navidad con toda su parafernalia de luces y emociones; me enternece ver brillar de ilusión los ojos de los niños: es maravilloso conservar las tradiciones que pertenecen a la cultura de uno, la que nos identifica y nos hace crecer como pueblos diferenciados. Literariamente, la historia de un dios materializándose en un precioso bebé nacido para iluminar las mentes de los humanos es el más bonito de los relatos. Nacido de una virgen ¿por qué no? El propósito de la literatura es explicar historias maravillosas que nos elevan la mente y nos hacen soñar. Me encanta mirar belenes. ¿Hamlet fue un personaje real?  No lo sé pero puedo afirmar que, paseando por el castillo de Kronenborg y atisbando por las ventanas el Öresund, he sentido su presencia en las cámaras reales. El niño Jesús es un personaje fascinante que transporte una enorme cantidad de energía. Real y fictício a la vez.

La fe o las creencias en general, si no son fanáticas, son elementos muy positivos para la mente, que construye gracias a ellas una especie de islas de paz donde refugiarse. Da lo mismo si son reales o no ¿a quién le importa eso? Son reales para aquellos que creen en ellas, e irreales para los que no. La neurociencia insiste sobre el hecho que el cerebro pone en marcha los mismos mecanismos neurológicos tanto cuando está frente a un hecho real que cuando está ante uno imaginado. Por otra parte ¿quién puede afirmar qué es de verdad real? La existencia misma del mundo material es percibida por el cerebro de modo indirecto, puesto que todas las percepciones le llegan filtradas e interpretadas por los sentidos, que como sabemos son bastante poco fiables (un gato oye una gama de sonidos superior en un setenta por ciento a la del ser humano; un búho ve un cien por cien más que un ser humano, etc. etc.) Einstein demostró que la concepción del tiempo y del espacio de la comunidad científica de la época era errónea. Hay millones de personas que creen que el hombre nunca ha llegado a la luna. Costó siglos convencer a la humanidad de que el planeta es redondo.

Lo del año 2012 tiene gracia: lo damos por universal sin discusión, y sin embargo en China estarán en el año 4710; en los países árabes en 1433; en el Tibet en 2139...sin contar que, en el calendario Maya, éste es el año del fin del mundo y con fecha concreta: 21.12.2012 (sospechosamente muchos unos y doses, ¿verdad?).  Su calendario simplemente se acaba.




Todas estas fechas tienen su origen en acontecimientos que han marcado el inicio de unas civilizaciones determinadas, y suenan bastante ridículas si se plantean en relación a la propia edad del planeta que debe andar por algo así como el año 4.400.605.324  Qué le vamos a hacer. Los seres humanos somos antropocéntricos y fue divertido pensar, por ejemplo, que el universo iba a notar la tan sonada llegada del año 2000, donde los ordenadores habían de colapsarse y la galaxia estremecerse...Pues bien: vamos a divertirnos ahora con la llegada de este año de 2012 para las finanzas tan apocalíptico, y para la mente libre tan generador de oportunidades que aprovechar. No sé cuántos goles vamos a marcar, pero es seguro que chutaremos sin parar ¿no es cierto?

jueves, 29 de diciembre de 2011

MUSICA PARA ENVOLVER UN SUEÑO

Ya quedamos en que un sueño que se desea realizar debe ser definido y cuantificado. Ahora pensaremos en el sendero que nos va a llevar hasta él, que de hecho sería como el guión de un película, con un@ mism@ de protagonista. ¿Nunca han tratado de escribir un guión? Es divertidísimo: es como ser dios,  puesto que el guionista decide (sin limitaciones) lo que quiere que le ocurra al protagonista. A veces la película acaba siendo mejor que el propio guión. Y algunas veces también puede ser peor, claro. Nunca, no se sabe por qué, es exactamente igual. Qué más da. Lo que contará es realizar la película. (¿Es por eso que hoy día a los directores se les llama realizadores?) Ningún realizador (y usted tampoco) va a realizar ninguna película si no tiene antes un guión en la mano. Escriba (sin limitaciones) el guión de la película de la que va a ser protagonista. Escriba la historia de lo que quiere que le pase en los próximos tiempos, hasta llegar a alcanzar su(s) sueño(s). Tranquilamente. El cielo es el límite.




Ahora vamos a intentar encontrar un título para la película (que será la compresión del objetivo cuantificado). Este título será como una cápsula que transportaremos siempre en la mente.
Pero nos falta la música. Hay quien escribe un guión y luego busca una música para envolver la cápsula. Personalmente trabajo al revés: selecciono una música sobre la que desarrollo luego el guión. Son formas de trabajar. Yo prefiero la música clásica para este tipo, pero no descarto en absoluto cualquier otra clase de música. Cada uno escogerá la suya. A continuación una lista de sugerencias:

Dvorak, Anton                     :   Humoresque, nº 7 in G flat Major
Strauss, Johann                    :   Vals del Emperador
                                               Vals de los bombones de Viena
Van Beethoven, Ludwig       :   Simphony nr. 9  Adiagio molto e cantabile
Bach, Johannes Sebastian     :   Minuet Badinerie nr. 2 in B Minor
Mozart, Wolfgang Amadeus :   Sonata nr. 5 para piano
                                               Clarinet Quintet
Pavaroti, Lucciano               :   A Vucchella  (D'Annunzio-Tosti)



Nota final:
En 1959, el escritor Daniel Keyes publicó un relato de ciencia-ficción, "Flowers for Algernon", que está considerado en general como uno de los mejores de todos los tiempos (ver ilustración arriba). Como todo buen guión (o relato o novela) trata de cómo cambia la vida del protagonista a partir de ciertos hechos. Hoy, cincuenta años después, el relato no resulta de tanta ficción como parecía cuando fue publicado.
Charlie Gordon, que sufre un retraso mental y tiene un coeficiente intelectual cifrado en 68, es elegido para una serie de experimentos (que han sido ya realizados con un ratón), con el propósito de aumentar su inteligencia. Charlie se identifica en seguida, de forma desesperada, con el ratón, porque cree que es más inteligente que él. El relato es como un diario en primera persona, y resulta sobrecogedor comprobar cómo Charlie va adquiriendo nivel intelectivo, comprobable no sólo en las emociones que salen de su alma sino incluso en la propia redacción de un diario, al principio elemental, vacilante y lleno de faltas, que se va transformando paulatinamente en expresión literaria coherente y fluida. Su amistad con el ratón Algernon (al que Charlie acaba adoptando como mascota) marca los tiempos del proceso.

Reflexión:
El cerebro humano, al contrario del de los animales, es autoformateable.


links:
http://www.leergratis.com/libros-gratis/flores-para-algernon-daniel-keyes.html






lunes, 26 de diciembre de 2011

PERSEGUIR UN SUEÑO







Todos tenemos sueños. El reto consiste en atraparlos es decir, hacerlos realidad. Muchos no lo hacen porque no se atreven. Otros porque no saben cómo hacerlo. Otros creen que es imposible. A muchos les da pereza. Otros miran con envidia no disimulada a los pocos que se atreven y, si pueden, tratan de disuadirles. O a veces los toman como ídolos y se dedican a adorarles. Otros piensan que los sueños ya están bien como están, como sueños, porque si se convirtieran en realidad llevarían parejos una serie de responsabilidades inasumibles. Otros miran a los perseguidores de sueños con media sonrisa pensando algo así como "qué ingenuos pueden llegar a ser algunos"...

Los perseguidores de sueños han hecho cosas tan grandes como abrir el canal de Suez o desmontar sin violencia una dictadura y, si cosas así han sido posibles, con más razón objetivos menores son alcanzables por cualquiera que lo desee realmente. Pero claro: hay que saber qué es lo que se quiere, y si se pregunta se verá que la inmensa mayoría de gente nunca ha definido una meta si es que la tiene. Un día le pregunté a una alumna mía cuál era su objetivo en la vida, y mantuve con ella el siguiente diálogo:

Ella: A mí me gustaría tener mucho dinero.
Yo: ¿A cuánto dinero te refieres?
Ella: ¿Cuánto? Yo qué sé. Mucho.
Yo:  Y mucho ¿cuánto es para tí?
Ella: No sé, unos cuantos millones de dólares.
Yo: ¿Y para qué quieres ese dinero?
Ella: Pues para vivir bien, no tener preocupaciones, disfrutar de la vida.
Yo: Bueno, me encantaría decirte cómo conseguirlo, pero es que no sé cual es la cantidad exacta que necesitas ni en qué quieres usarla; es que no sé qué entiendes por vivir bien, ni a qué preocupaciones te refieres ni cómo disfrutas tú de la vida.

Aprender a pensar en forma concreta es la primera condición que se requiere para ser un realizador@ de sueños. Es mucho más difícil de lo que parece, porque hemos sido educados en la generalización, la vaguedad y la filosofía moralina. A un escritor americano que volvía a su país después de haber vivido diez años en París, un periodista le preguntó: ¿qué tal los franceses?  No sé -respondió él-, no los conozco a todos.

Perseguir un sueño no debe ser igual a perseguir un fantasma. Para ello hay que construir el sueño con unos datos concretos y una forma física mentalmente visualizable que se deje mantener en el horizonte diariamente abarcable. O perseguir sueños tan grandes que resulte imposible perderlos de vista. Si se consigue, el segundo paso consistirá en instalar un sendero para llegar hasta donde está el sueño. Y luego ponerse a caminar por ese sendero. Eso es todo.















La gente cree que tener talento es una cuestión de suerte.

Es al revés:  la suerte es cuestión de talento.