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sábado, 23 de junio de 2012

AMPLIANDO LA RED NEURONAL DE UN NIÑ@





Supongo que todo el conocimiento nuevo que están generando las neurociencias convendría aplicarlo a la educación, pero no parece que esté siendo así. Y sin embargo cada vez queda más claro que las capacidades afectivas e intelectivas son educables, que los talentos son potenciables, que la red neuronal de un niñ@ es desarrollable como se desarrolla un músculo.

Me refiero sobretodo a los niños preescolares, cuya red neuronal está desarrollando probablemente las macroestructuras en el interior de las cuales se implantarán y se harán tupidas sucesivas subredes cada vez más especializadas. Es importante que padres y educadores comprendan que, cuanto más se ensanche esta cancha inicial, más actividad cognitiva va a poder gestionar después el cerebro adulto. Ahí estaría la función educadora real. Este periodo es de 0 a 7 años según las más recientes evaluaciones. A partir de ahí, el propio cerebro humano suele iniciar un periodo de autoaprendizaje donde los educadores pasarían a ser conductores, estimulando, orientando y faciltando al niñ@ la tarea de aprender, que iría pasando cada vez en mayor medida a una gestión pedadógica orientada pero propia. ¿A mayor amplitud cerebral, más mente? Es lo que parece.

Una de las constataciones de la neurociencia actual consiste en un fenómeno asombroso y a la vez tremendamente simple, difícil de tener presente por su obviedad y extrema sencillez. Es el siguiente:

La secuencia electroquímica que tiene lugar en el cerebro para ordenar un suceso (es decir: la circulación de la información necesaria para que esto ocurra) es la misma tanto si el suceso es real como si es fictício (tanto como si se ejecuta finalmente como si sólo se imagina)

Las consecuencias que alberga este fenómeno son:
1. Toda simulación es aprendizaje (y, además, exento de los peligros del plano real)
2. Todo lo imaginado (bueno y malo) provoca disfrutar o sufrir (relajar o estresar la mente)
3. Todo lo proyectado en la mente es el ensayo general de una supuesta actuación real definitiva






Desarrollar en un preescolar la llamada inteligencia generadora (la que acabará conformando el carácter y las actitudes) sería pues el objetivo de cualquier simulación primordial, y es más que posible hacerlo sobre la base educativa del juego programado para tal fin, abarcando los campos principales de la actividad y el pensamiento humanos, con la pátina global de la solidaridad y de la aportación del esfuerzo a la colectividad. Promover la fantasía a todo nivel, aunque descartando definitivamente los cuentos de ogros que engordan niños para comérselos o reinas que envenenan manzanas para matar a la competencia femenina. Introducir en los programas de juegos simulatorios los conceptos de la ética, del civismo, de la ecología, del compartir y del ilusionar. Del compadecer y ayudar a los que sufren. Del aportar a la sociedad a la que se pertenece.

Todos los preescolares quieren jugar, así que lo único que resta es que los padres y educadores dediquen tiempo a programar y orientar estos juegos. Van a encontrarles siempre dispuestos, no sólo a emprender un nuevo juego, sino a repetir hasta la saciedad uno antiguo. No pasa nada: la repetición refuerza las conexiones interneuronales y hace que el niñ@ se sienta más segur@. El cariño de sus padres y educandos hará el resto. Quizá así consigamos unos ciudadanos preparados para los enormes retos que encontrarán en la sociedad futura, probablemente aún más complicada que la que vivimos hoy.




























¿Le gustó este post? ¿Alguna vivencia personal al respecto? Charles Bennet estará encantado de recibir sus comentarios. Gracias.


viernes, 9 de septiembre de 2011

MANUAL ECLECTICO DE LA BUENA SUERTE



LA SUERTE ES UNA SEDUCTORA TAN VOLÁTIL QUE, AL CAPTURARLA, SE DESVANECE.

No se puede capturar el pensamiento: no se pueden capturar las motivaciones, ni los entusiasmos, ni los amores, ni mucho menos la fortuna. Menos mal. La suerte, que es una forma de suceso que en teoría debe atraer lo anhelado, sólo lo atrae de verdad en la medida que se deje de anhelarlo. Lo anhelado no se atrapa con red, ni con buenas palabras, ni con hechizos ni capicúas. Se atrapa (una vez se ha acotado el objeto del anhelo) con trabajo duro y amable indiferencia. Entonces la suerte, cuando ya no se acuerdan de ella, regresa para hacerse reconocer.

Ésta es la función benéfica del pensamiento positivo: crear una escenografía mental suficientemente acogedora y relajada como para que la bella dama de la suerte decida ser su inquilina. El pensamiento positivo es un estado de la mente del que se han eliminado congestiones parasitarias como el nerviosismo, la histeria, la ambición desmesurada y, por supuesto, la ira y el energumenismo, y donde los hemisferios cerebrales se armonizan entre ellos, primero, y con el resto del mundo después. La suerte no llegará si no se da este estado previo, y si aún así lo hiciese sería por equivocación, y por tanto como raro fenómeno puntual e irrepetible.

Para atrer la buena suerte no hay que cruzar los dedos, ni ver un gato negro, ni comprar talismanes ni rezar siete padrenuestros mirando a Jerusalén. Lo que hay que hacer es pasarse la vida abriendo puertas, creando oportunidades, estructurando proyectos, compartiendo con los demás; porque la señora suerte está observando con curiosidad  estos movimientos concentrados de los que trabajan mucho (las inteligencias generadoras), y por el resquicio de una de sus puertas, el día más impensado, penetra, extrañada de que no la deseen. Y cuando lo hace no hay que adorarla ni hacerle la pelota, ni tan sólo sonreírle. Porque sepan que el gran truco no es esperar que la suerte nos sonría, sino sonreír nosotros ante la desgracia. La suerte, que se muere de curiosa, al verlo, no entiende qué está pasando. Pero si quedamos que la guapa era yo..! -parece pensar. Por eso volverá. Paciencia.

Los grandes ejercicios que atraen suerte son:

Practicar la serenidad
Desterrar cualquier forma de envidia, por pequeña que sea
Bailar
Dibujar en grandes láminas mientras se canturrea
Intentar vivir con la mente instalada en el momento presente
Charlar con los amigos
Ser solidari@
Creer que la suerte no existe

EL TEST DE LA BUENA SUERTE
(averigüe hasta qué punto usted es afortunad@ contestando a este test)
Si la afirmación es cierta para usted, anote 1 punto; si no es cierta, 0 puntos


Desde la ventana de mi cuarto veo la luna y las estrellas
Amo a mi pareja a pesar de todo
Mis padres son/eran maravillosos
Tengo un coche pequeño/grande. Quizá no es muy chulo, pero me gusta conducirlo
Me encanta la playa y disfruto mucho del sol y del mar
A veces voy al bar y me tomo un vinito con un poco de jamón
Tengo buenos amigos
Tengo relativamente buena salud
Me gusta ver cómo cae la nieve
Mis hijos/nietos son estupendos
Me encanta el cine
Todavía estoy viv@

12 puntos   :  extremamente afortunad@
10 puntos   :  muy afortunad@
8   puntos   :  afortunad@
6   puntos   :  bastante afortunad@

Gracias. Si les ha gustado este artículo, me sentiré sumamente afortunado.

 







jueves, 25 de agosto de 2011

CEREBRO MASCULINO CEREBRO FEMENINO

No sé a qué célebre psiconeuróloga le preguntó un día un periodista si consideraba que el cerebro del hombre y el de la mujer tenían la misma capacidad cognitivo-intelectiva, y ella contestó: "sí, creo que las mujeres y los hombres somos igual de tontos".


El cerebro de las personas es una masa amorfo-gelatinosa que se moldea permanentemente y va cambiando con la educación, la información, el conocimiento, la cultura, las emociones, los sentimientos y... el propio pensamiento. Todo lo que hacemos acaba esculpiendo una masa cerebral propia que nunca es definitiva porque seguimos viviendo, actuando, pensando, hasta que morimos. 

¿Piensan igual las mujeres y los hombres? Por supuesto que no. Basta ver el comportamiento de un niño y de una niña criados en la misma familia y bajo las mismas circunstancias socio-afectivas para constatar las diferencias. Pero es que todas las personas piensan de modo diferente, y por ello no hay dos cerebros iguales en todo el planeta. La comparación cerebro masculino-cerebro femenino tiene en general el mismo sentido que comparar la estructura estelar interna de dos galaxias cósmicas compuestas por cien mil millones de soles cada una. La combinatoria es infinita; el resultado bastante similar.

Queda claro que hombres y mujeres usan a menudo distintas áreas del cerebro en el tratamiento de las mismas cosas, así que los resultados pueden presentarse bajo diversas ópticas. También es posible encontrar pautas generalistas que caracterizan comportamientos masculino o femenino. Por ejemplo: después de hacer el amor, la mayoría de los hombres (fuma y después) se duerme. La mayoría de las mujeres, al contrario, entran en actividad: se duchan, se peinan, planchan ropa, frien huevos... Son sólo pautas reconocibles y en este caso divertidas: por supuesto hay muchos hombres que no fuman y muchas mujeres que se duermen. Sin embargo... 

Hay quien opina que estos comportamientos distintos forman parte de un material heredado producto de siglos de culturas que los implantaron como automatismos en los genes. Y todavía hay algunos científicos empeñados en demostrar que los cerebros de ambos son morfológicamente diferentes. Pero los neurocientíficos actuales parecen estar más de acuerdo en la influencia de las hormonas sobre la materia cerebral, que condicionando y modificando con su presencia de algún modo las redes neuronales locales acaban conduciendo frecuentemente a conclusiones mentales distintas.

El hombre sufre durante su vida los efectos de la testosterona, que ya en el cuarto mes de vida intrauterina ha determinado la masculinización del cerebro, y que es un elemento que confiere la agresividad necesaria para conquistar territorios y procrear. Acaba siendo víctima de esta misma substancia (agresiva también con el propio metabolismo) y por ello vive menos. El metabolismo de la mujer se encuentra bajo la protección de los estrógenos (que determinan también la femeneidad del cerebro en el mismo momento) y vive más para proteger la presencia de la especie. Es evidente que estas identidades hormonales gestionan la mentalidad de los sexos y actúan sobre los automatismos de comportamiento. Ahora bien: la mente humana, en la medida que tiene capacidad decisoria (tanto más si ha sido educada en  amor y en libertad)  puede, a través de la voluntad, reprogramarse, controlar sus instintos, tomar decisiones inteligentes, disfrutar o sufrir con sus sentimientos y acceder a niveles superiores de pensamiento, independientemente del sexo que la alberga. Cada uno puede tomar su propio camino. La capacidad intelectiva jamás se ve condicionada por el género de la persona. La morfología cerebral de hombres y mujeres es la misma, aunque la identidad sexual pueda activar, reforzar y desarrollar ciertas zonas.

Hoy en día se suele establecer la inteligencia cerebral repartida en tres funciones generales, que son la inteligencia generadora, la inteligencia emocional y la inteligencia decisoria o ejecutiva. Cada cerebro las tiene en mayor o menor grado. Nadie sabe si las mujeres o los hombres tienen más de ésta o de aquella, porque no es ésta la división. Lo que aparece cada día como más claro es la inteligencia emocional positiva o benéfica como motor de los otros dos niveles. Y el último de los descubrimientos: todos los niveles son mejorables.

¿Y qué pasa con los deseos y las motivaciones? Pues que suelen ser bien distintos para mujeres y hombres.
Y con ello las conductas. Así pues cerebros iguales, pero sometidos a dictaduras hormonales distintas. Pero qué bonito es que las conductas sean distintas, ¿no es cierto? Gracias a ello pueden existir juegos tan divertidos como la caballerosidad, el glamour, la elegancia, las maneras o la femeneidad. Palabras que entiende cualquier humano y que resultaría difícil traducirle a un extraterrestre.







miércoles, 22 de junio de 2011

PASTILLAS DE NEUROCIENCIA (1)

AMPLIANDO LA RED NEURONAL DE UN NIÑ@

Supongo que todo el conocimiento nuevo que están generando las neurociencias convendría aplicarlo fundamentalmente a la educación, pero no parece que esté siendo así. Y sin embargo cada vez queda más claro que las capacidades afectivas e intelectivas son educables, que los talentos son potenciables, que la red neuronal del niñ@ es desarrollable como un músculo. Cada uno debería preocuparse de aprender a automotivarse o a alcanzar objetivos, pero más aún debiera preocuparle que lo aprendieran sus  hijos, que son quienes van a tener que tratar con una sociedad futura seguramente más compleja que la de hoy.

Entre los descubrimientos de las neurociencias actuales hay uno sorprendente que, de tan simple, cuesta un poco de entender:
la secuencia electroquímica que tiene lugar en el cerebro para ordenar una acción (es decir, la circulación de esa información), es la misma tanto si una acción es real como si es simulada. Tanto si la acción se ejecuta como si se imagina. Detengámonos un momento a considerar algunas consecuencias que alberga este hecho. Por tanto:

1. Toda simulación entraña aprendizaje (sin peligros)
2. Todo lo imaginado (bueno, pero también malo) significa disfrutar o sufrir
3. Todo lo proyectado en la mente es un ensayo general de una supuesta actuación real definitiva

Desarrollar en un niñ@ la llamada inteligencia generadora (la que conformará el carácter y las actitudes) sería la simulación primordial, y todo ello es posible sobre la base educativa del juego o simulación pedagógica donde el enseñante y el enseñado adoptan papeles o roles distintos en un juego programado a tal fin y cuyo contenido exista en la vida real, que tenga un sentido solidario o de aportación a la colectividad si es posible, etc. (Y por cierto: repasar el contenido de los cuentos de niños más famosos donde habitualmente se roba y se mata; donde los malos son dragones y ogros tremendos y brujas malignas que ponen niños a engordar en jaulas para después comérselos, donde se ordenan envenenamientos con manzanas empozoñadas o Anton Pirulero mete a su mujer en un saco y la lleva a moler, es algo que pone los pelos de punta no sólo a un educador consciente sino a cualquier persona con dos dedos de frente)

Todos los niños quieren jugar. Pero desde el punto de la neurociencia lo importante es la actuación imaginativa del niñ@ cuando teatraliza la acción, porque en este "role-playing" repetido se añaden y refuerzan las conexiones nuevas en la red interneuronal, ayudándole así a construir personalidad e inteligencia generadora en su inconsciente, que es una grabadora con una cinta todavía virgen.