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jueves, 5 de abril de 2012

LA CORRECTA ADMINISTRACIÓN DEL ESTRÉS








El tremendo problema del estrés es su capacidad bloqueadora del sistema inmunitario. Este sistema que tiene incorporado la biomáquina humana es un conjunto de procesos biológicos que protege contra las enfermedades, al identificar y matar las células patógenas o virus que se desarrollan o penetran en él, literalmente comiéndoselos. La ansiedad, el estrés, la ira y tantas otras producciones del pensamiento negativo no inhiben, según parece, el funcionamiento del sistema, pero pueden paralizarlo durante el transcurso del episodio de estrés. Es como si durante este tiempo quedara abierta una ventana por la que se pudieran colar sin impedimentos microbios maléficos. Naturalmente dependería de que en aquel momento hubiera maléficos cerca de la ventana y de cuánto tiempo ésta permaneciese abierta. Estamos hablando de estrés negativo, por supuesto, supremo generador de enfermedades.

Cuando un agente patógeno penetra, los glóbulos blancos envían substancias mensajeras que avisan al cerebro de su presencia. Entonces la hipófisis produce la hormona ACTH y la lleva hasta la glándula suprarrenal donde se crean hormonas específicas a la situación: cortisol como antiinflamatorio, adrenalina para aumentar la presión sanguínea... o lo que se precise en aquel momento. También hay un impulso que va desde el hipotálamo al sistema linfático. En las amígdolas, el bazo, el timo, la médula ósea, etc., los leucocitos aprenden a descubrir las substancias extrañas que no pertenecen al organismo. No sólo las derrotan sino que los anticuerpos y la memoria se conservan para la próxima vez que se repita la infección.

Pero las enfermedades y afecciones también pueden derrotar al sistema inmunológico, especialmente si el individuo se halla en lo que antiguamente se conocía por un tono vital bajo es decir, en estados post-traumáticos, post-operatorios, depresivos, anémicos, etc., o bajo la influencia de un fuerte estrés negativo que ha dejado ventanas abiertas. Los estados de gran tono vital sereno, en cambio, refuerzan el sistema porque le permiten trabajar sin trabas. La práctica diaria de la relajación o, si se quiere de la meditación, es un factor de extraordinaria ayuda a la salud, puesto que elimina las barreras a la actuación de los agentes curativos.

Todos estamos estresados en mayor o menor grado, por momentos y periodos de nuestra vida.. Hay que empezar por reconocerlo. Escuchar las llamadas bienintencionadas de amigos y coachers a no estresarse, tomárselo con calma y pensar qué bonita es la vida no sirve (y todavía pone más de los nervios) cuando lo que ocurre es que no tienes dinero para pagar la cuota de la hipoteca. Lo que se debería intentar es convertir el estrés negativo en energía de lucha, en rabia positiva para escapar del agobio y ponerse en marcha hacia arriba.

Hay diferentes niveles de estrés que afectan a los humanos, y también a los animales: un hiperestrés (agitación) y un hipoestrés (inhibición). Los animales, ante una situación de peligro, optan por el hiperestrés (lucha) si se sienten superiores o por el hipoestrés (huída) si se sienten inferiores. No tienen en su cerebro actitudes como dignidad, orgullo o valentía, y reaccionan sólo según la conveniencia. Tampoco pueden acceder a ese maravilloso estado mental intermedio que es el estrés positivo, que permite a los humanos luchar con elegancia y optimismo y fairplay y sin miedo a la derrota, lo que les ha hecho dominar por completo el planeta y vivir como semidioses.

El factor optimismo (pensar que al final todo saldrá bien) es el generador principal del nivel de estrés positivo necesario para afrontar cualquier reto, ya sea el Campeonato de tennis de Roland Garros o conseguir un nuevo trabajo. Vean a los jugadores dando saltitos y haciendo carreritas antes de empezar un partido, concentrados pero locos por saltar a escena. Están implementando una tensión benéfica que hace que todos los músculos se pongan a punto y la mente empiece a notar buenas sensaciones. Son los momentos previos a la acción, el instante mágico en el que se liberará toda la energía que el estrés positivo ha estado así acumulando.

Hay otras maneras estupendas y complementarias de liberarse del estrés negativo. La relajación, el Tai-Chi, la meditación trascendental o la qué risa maríaluisa son métodos excelentes para sacudirse la tensión maléfica. Y concentrarse en el presente rabioso. Charlar con los amigos. Hacer el amor. Saltar un rato a la cuerda. Fácil ¿no es cierto?



















¿Alguna vivencia personal? Coméntela por favor con Charles. Gracias.

viernes, 17 de junio de 2011

EL MARAVILLOSO ESTRÉS POSITIVO

Cuando alguien ya está relajado; cuando ya ha soñado la meta que quiere alcanzar y cómo llegar hasta ella; cuando ha reflexionado e implementado en su mente la secuencia de este éxito y llegado a un estado de augusta serenidad, es el momento de la acción.

Para la acción, tanto si vas a hacer el amor o a escalar una montaña, se necesita estrés positivo. Es una magnífica tensión que pone en alerta los sentidos y derrama la justa adrenalina y otras magníficas substancias  por la red interneuronal e infiere la concentración y da ganas enormes de -simplemente- empezar. Todo lo contrario del estrés negativo (miedo, ansiedad, inseguridad, agobio) que lanza a la red substancias inhibidoras de la correcta circulación de la información. El pensamiento negativo generado da ganas de posponer la acción, de ir a casa, de encontrar excusas para autojustificarse, de terminar con el sufrimiento que causa la tensión negativa. Miedo a los obstáculos, miedo al fracaso. Y, si a pesar de todo se empieza, el resultado es fácil de predecir.

El pensamiento negativo causante del estrés negativo es muy perjudicial para la salud: el hecho es bien conocido. Pero no es tan conocido el por qué. El estrés negativo, entre otras, inhibe el  funcionamiento estructural del sistema inmunológico del ser humano y causa a la larga enfermedades de todas clases. El estrés positivo, el originado por el convencimiento del "sí, puedo" (que es el resultado encapsulado de haber secuenciado en la mente el camino hacia el logro), refuerza el sistema inmunológico convirtiéndolo en un defensor formidable de los intentos de penetración de los males físicos.

¿Han visto a un atleta dando saltos excitados antes de la carrera y luego colocándose el primero en la línea de salida? ¿Han visto a un tenista dirigirse corriendo a su lado de la pista mientras su oponente camina lentamente hacia el suyo? ¿Han visto a un actor entre bastidores esperando en tensión el momento de entrar en el escenario? Se mueren de ganas de pasar a la acción. Porque saben lo que van a hacer. Porque saben que van a ganar. Y es esta actitud tan extremamente positiva la que conduce a hallarse siempre un instante por delante de los acontecimientos o de los demás: ese secreto maravilloso llamado anticipación. Da lo mismo la clase de proyecto que se esté gestionando. El estrés positivo hace controlar la vida, hace controlar el destino. La buena suerte no es mucho más que eso. La suerte, en términos generales, no existe. Es lo primero que hay que aceptar, y actuar en consecuencia, si se quiere tener una mentalidad ganadora y ganar, vivir.

domingo, 22 de mayo de 2011

CIEN MIL MILLONES DE NEURONAS

(tengo una fábrica de buena suerte para usted)   (2)

Hay una galaxia entera dentro de su cráneo. Usted tiene tantas neuronas como estrellas hay en la Via Láctea, relacionadas entre ellas por un trillón de conexiones. Ésta es la razón del soberbio éxito que ha alcanzado usted como especie, amig@ mí@. Y yo también, naturalmente.

Hace ya un tiempo los entrenadores de los deportistas de élite, y especialmente en deportes individuales como tennis, golf, atletismo o natación, comprendieron que a igualdad de técnica y de forma física con los competidores sólo un factor podía desequilibrar la balanza en favor de un campeón: la fuerza de la mente. En efecto, era evidente que el desarrollo de un partido (como el desarrollo de la vida misma) acostumbraba a pasar por una gama de altibajos en que la mente se montaba en la excesiva euforia (cuando iba ganando), en la excesiva desmoralización (cuando iba perdiendo) o en la excesiva angustia (cuando había mucha presión). Había que equilibrar todo esto, y ya en los Juegos Olímpicos de Barcelona 92 se empezó a trabajar el tema mental de manera seria y sistemática con un grupo de atletas. Los resultados fueron sorprendentes porque era como si una extra de buena suerte acompañara a los atletas que habían sido mentalmente entrenados. Se instaló en ellos (se lo instalaron ellos mismos a partir de las instrucciones recibidas) lo que se dio en llamar el "estrés positivo" o nivel de tensión benéfico a partir de pensamientos positivos (que son los que generan  aporte de dopamina al circuito neuronal). Los pensamientos positivos no son otra cosa que implantarse uno mism@ la consciencia permanente de lo maravilloso que es vivir y poder hacer lo que se está haciendo. Instalada esta actitud en la mente (lo que requiere cierto trabajo continuado) la vida se presenta como una serie continua de magníficas oportunidades (cuantas más oportunidades más posibilidades de ganar: algunas se ganan y otras se pierden, pero siempre habrá nuevas oportunidades que aprovechar) Donde no hay oportunidades es sentado en el sofá ante el televisor.

La vida se convierte así una especie de deporte (probablemente el más importante) y las técnicas de entrenamiento mental que utilizan hoy los deportistas más importantes son extrapolables y utilizables para obtener éxitos en la vida habitual de las personas. Porque la estructura que administra todo esto es la misma para cada uno de nosotros: cien mil millones de neuronas. Están a nuestra disposición. Sólo hay que aprender a ponerlas, como hacen los deportistas, al servicio de nuestros propósitos.