jueves, 11 de abril de 2013

AMPLIANDO LA SUPERFICIE COGNITIVA DEL NIÑ@







Los cerebros preescolares son un globo hinchable todavía deshinchado. En la medida en que los educadores (básicamente los padres) seamos capaces de irlo hinchando progresivamente, la superficie irá aumentando y podrá albergar más emociones y más conocimiento. El periodo 0 a 5 años es crucial, casi definitivo, en este sentido. El cerebro preescolar deberá recibir mucho amor (seguridad), mucho cariño-caricias (confianza) y mucho juego (entrenamiento mental para la futura realidad).

Con esta base cognitiva establecida, el niñ@ será muy receptiv@ a nuevo saber, y no sólo aprenderá con facilidad, sino que habrá desarrollado un gusto por aprender. Es como un archivador vacío en el que vamos colocando nuevas carpetas, así que las posibilidades de guardar elementos informativos son mucho más extensas. Y cuanto más le enseñemos (juguemos), más conocimiento reclamará. Y entonces habrá que enseñarle a autoaprender, que será decirle: ahora cuéntame el cuento tú a mí.

Para los educadores es una experiencia fascinante y divertida. En un sencillo pero inteligente libro titulado Juegos para hacer pensar a niños de 1 a 3 años, la educadora americana Jackie Silberg presenta una serie de actividades elementales para estimular el desarrollo mental de los más pequeños, con una preciosa dedicatoria que dice: "Este libro está dedicado a la capacidad de maravillarse y disfrutar de la vida que tienen los peques" Los juegos están clasificados por orden de edades. Por ejemplo, de 18 a 21 meses, algunos de los juegos propuestos son:

Muecas en el espejo
El gato y el ratón
Arriba y abajo
Cambiar la voz
El amigo imaginario
Palabras y más palabras
Quiero mucho a una persona
Hablemos y cantemos
Salta y brinca
Los animales hablan
¿Dónde estoy ahora?
El escondite inglés

El cerebro crece a una velocidad extraordinaria los primeros años de la vida humana: es un momento excepcional que hay que aprovechar porque no volverá a repetirse en la vida. Y en efecto: ¿dónde invertir mejor que en la educación de los niños que son el futuro más inmediato? Sólo hay que fijarse en que los países que destinan más recursos a la educación son los más avanzados del mundo. Las experiencias de la primera infancia tienen un impacto definitivo en el cerebro, determinado por unas conexiones neuronales originales sobre las que se irán construyendo las sucesivas que posteriormente arraigarán sobre aquellas. Todo se aprende jugando.

Juegos envueltos en la magia del amor y las caricias. Será la base cognitiva sobre la que edificar una personalidad  de sensibilidad y conocimiento del ciudadan@ futuro, si es que creemos que la construcción de una sociedad culta, amable y solidaria todavía es posible.

















viernes, 29 de marzo de 2013

CON QUÉ PENSAR









El pensamiento racional, generado al parecer a partir de una finísima pátina que envuelve el cuerpo general del cerebro, es muy limitado, porque sólo puede procesar el cinco por ciento de la información que recibe. Por ello pasa la mayor parte del tiempo seleccionando lo que le parece esencial de la enorme masa de información entrante, que trata de analizar prescindiendo de detalles. Porque el cerebro como un todo, a través de los instrumentos perceptivos que son los sentidos, recibe constantes lluvias de información que se procesan y almacenan en esta gran masa inconsciente, donde quedan archivadas y se computan tranquilamente para la toma de decisiones posteriores.

¿Dónde toma el cerebro humano las decisiones? En el inconsciente. Cómo los cerebros animales, en base a la información retenida esto es, la experiencia. Antes de que el consciente haya determinado racionalmente si tú me gustas o no, el inconsciente ya lo ha decretado. Me gustas. Mientras tanto, va llegando lentamente esta conclusión al pensamiento consciente. No sé... Creo que me gustas, Sí, me gustas. Me gustas mucho, estoy segur@, me encantas.

Así que, puesto que las decisiones las tomaría el inconsciente en base a la enormidad de datos de los que dispone (o experiencia), durante el periodo de tiempo que tarda el resultado en llegar al consciente -como unos seis o siete segundos-, tendríamos el único momento mental en que podemos de verdad ejercer el libre albedrío. Porque al pensamiento racional  le cabe sólo en este instante la posibilidad de cambiar: de todos modos, no, gracias. O a pesar de todo, sí. O no me da la gana. O ahora, no. La mente nos lleva habitualmente a un fantástico y cómodo y a veces peligroso automatismo de tomar decisiones sin  pensar conscientemente: de hecho el 95% o más de nuestras actuaciones diarias son automatismos predeterminados. Sólo el 5% restante nos convierte en animales racionales.

Parece poco, pero este 5% nos ha llevado a conquistar el planeta, dominar los animales y la misma naturaleza, viajar a la luna, hablar instantáneamente con cualquier persona situada en cualquier lugar del planeta, volar por los aires y nadar por el fondo de los mares, desarrollar increíbles tecnologías para nuestro confort... Pero no es menos cierto que en el núcleo inconsciente anidan también los sentimientos y las emociones que son auténticos lastres o motores de los actos humanos. La verdad es que el cerebro dispone de muchos niveles con qué pensar aunque los dos más conocidos, popularmente, son: pensar con el corazón y pensar con la cabeza, y con ellos nos vamos a quedar ahora.

Pensar con el corazón es un maravilloso dejarse conducir por las emociones. ¿Maravilloso? ¿Dependerá la maravilla  de qué clase de sentimientos sean los que nos arrastren? ¿O acaso son igualmente maravillosas las emociones  positivas y las negativas? Sentimientos y emociones: ¿la pasión del amor? ¿la rabia de la envidia? ¿la compasión por los que sufren? ¿el odio por los que son distintos? ¿el amor de una madre? ¿la ilusión de un proyecto? ¿lo incierto de un resultado? ¿el miedo a lo desconocido? ¿El entusiasmo de un viaje? ¿El morbo de una película de terror? Pensar con la cabeza, en cambio, no suele resultar emocionante pero sí productivo: un cálculo lo más lógico y razonable posible, tratando de desprender de esta razón las emociones debilitantes. Aburrido aunque certero. Que hace progresar. Que empuja hacia adelante. Que encuentra soluciones. Que genera riquezas. Que instala sinergias. Pero sólo en la medida de lo posible, ya que emociones atrapadas y encerradas en el saco acaban surgiendo por las rendijas de la consciencia racional como lo hacen los hierbajos por los agujeros del césped artificial, y tienden a desviar el resultado en favor de la mente ilógico-impulsiva (que es la que tira más fuerte, que es la que nos hace errar pero que es la más divertida).

Y pues ¿cómo llegar a campeón@ de la vida? ¿Con el corazón o con la cabeza?

Con el corazón, con el corazón. Pero sin perder la cabeza.


















martes, 5 de marzo de 2013

CREACIÓN DE CIRCUNSTANCIAS




Decía una vez un pescador submarino en tono jocoso que siempre que había querido pescar un buen pez y llevarlo a casa para comérselo había tenido que estar en buena forma física, dominar la técnica de la apnea, sumergirse muchos metros, nadar por el fondo, esconderse detrás de las rocas y ser un buen estratega conocedor de los fondos marinos y de los movimientos y hábitos de los distintos peces. Y que en toda su vida, nunca, nunca, ningún pez había llamado a la puerta cuando él estaba mirando la televisión diciendo: hola! puedes pescarme si quieres.

Y aunque esto parezca sólo una divertida broma, esconde una gran verdad. La actitud de la mente perdedora es lamentarse, no hacer nada y esperar aburridamente que una extraña buena suerte la beneficie, sin más, con su aparición. Naturalmente, eso no ocurre jamás. Los peces no van a casa a beneficiar a ningún llorica perezoso. Aquel pescador, en cambio, ponía en marcha unas circunstancias que se materializaban en forma de oportunidades que depués hábilmente sabía aprovechar.

Una mente ganadora es un fabricante permanente de circunstancias, que son espacios donde fructifican las oportunidades. Las circunstancias creadas por el pescador ya han sido descritas. ¿Qué circunstancias podrá fabricar el comerciante, el deportista, el científico, el maestro, el empleado? Todas las que quiera. Si ama su profesión, usa su creatividad y está preparad@, las circunstancias creadas generarán oportunidades de diversos calibres. Sólo quedará aprovecharlas. Unas veces podrá ser y otras no. No hay que preocuparse: las circunstancias que se sigan creando se irán transformando en nuevas oportunidades.

La mayor parte de la gente cree que la suerte, o la buena suerte, es una especie de regalo que cae alguna vez del cielo sobre algún afortunad@ que no ha hecho nada para merecerla. Qué suerte ha tenido, exclaman entre asombrados y envidiosos. Pero el campeón@ sabe que, si tal cosa como la suerte existe, la única con la que cabe contar es la fabricada por un@ mism@: el resultado de haber plantado algo en el terreno preciso en el momento correcto.


















miércoles, 27 de febrero de 2013

LA DOCTRINA DEL CAMPEÓN 14




IDEAS Y PENSAMIENTOS QUE AYUDAN A CONFIGURAR UNA MENTALIDAD GANADORA




El futuro sólo llega un día a la vez
Es más fácil creer en lo imposible que en lo improbable
La experiencia es la parte de mar iluminado por la luz de popa de un barco
El olvido es la forma más refinada de venganza y de perdón
Nadie es tan feo como la foto de su pasaporte
Todo el mundo puede amar, menos los que siempre están tuiteando
No hay políticos más estúpidos y soberbios que los que han salido de la nada
Nuestra cabeza es redonda para permitir a los pensamientos cambiar de dirección
Quienes comparten nuestra niñez no crecen jamás
El bienestar empieza al sentirse satisfecho con pequeñas cosas
Todo lo que está entre paréntesis puede ser ignorado
Es más fácil militarizar civiles que civilizar militares
El que rehúsa los elogios desea ser elogiado dos veces
Si un titular de periódico termina con una interrogación, la respuesta es no
Siempre se mueren los demás






















domingo, 3 de febrero de 2013

GANADORES Y PERDEDORES





Un ganador es una mente que sabe a dónde va. Así de fácil. Y su mente le guía.

Un ganador es un hábil conductor de su propio vehículo vital. Decide lo que hará, decide por dónde pasará, decide qué logrará. Como un pequeño universo en expansión, con la acción misma irá creando su propio espacio-tiempo. Es un conductor de acontecimientos.

No nada contra corriente sino que utiliza la corriente para llegar a su destino. Está perpetuamente motivad@, concentrad@, entusiasmad@. Es consciente de los obstáculos que se van presentando y le divierte sortearlos con elegancia. Practica la ética y, si puede, la estética. Sabe perder batallas con una sonrisa porque sabe que, para llegar a ganar, hay que empezar por perder. Cuando pierde analiza minuciosamente dónde se ha equivocado y no busca excusas ni justificaciones ni atribuye culpas a terceros. Simplemente guarda los errores cometidos en algún cajón mental llamado "no repetir". Inmediatamente después borra todo lo demás y se pone a pensar en la próxima batalla. No ocupa su mente inquietándose por lo que hacen los demás, a menos que sea para aprender algo.

Un perdedor es una mente superada por los sucesos de la vida. Así de fácil. Y su mente le pierde.

Un perdedor es un pasajero de su propio vehículo vital. Cree inútil cualquier planificación en la constatación que el mundo es injusto y todo es cuestión de suerte. Se lamenta de su eterna mala suerte. Persigue objetivos irreales luchando contracorriente. Dedica mucho tiempo y esfuerzo a demostrar por qué tal o cual cosa nunca ocurrirá. No ve en el ganador un modelo a seguir sino un enemigo a destruir. Cuando pierde lo interpreta como una confirmación de sus predicciones de general injusticia: ¿ves? ya lo sabía. Es un pasajero de acontecimientos.

Un perdedor no se concentra, más preocupad@ por lo que consiguen los demás que por su propia línea de actuación. Un éxito ajeno le mortifica profundamente porque lo interpreta inconscientemente como una provocación: una especie de demostración viva de su, en el fondo, ya más que asumida incapacidad.

Por todo eso los ganadores resisten bien las derrotas y los perdedores, no.
Por todo eso los perdedores tienen muchos amigos y los ganadores, no.

Qué le vamos a hacer. Así va la cosa.


















sábado, 26 de enero de 2013

LA TRANSMUTACIÓN DE LA ENERGÍA NEGATIVA



La energía negativa es la más poderosa que existe porque es una acumulación contrageneradora, autocomplaciente de incapacidad y gandulería.  Hay muchísimas más mentes trabajando para justificar su perezosa irresponsabilidad que para asumir riesgos y responsabilidades y tratar de construir algo, aunque sea equivocándose frecuentemente y soportando la critica feroz de los que no hacen nada salvo quejarse.

Esto ha sido así siempre, aunque en estos tiempos de grandes cambios globales, de sobrepoblación e improbable funcionamiento justo de la sociedades tecnificadas, con un planeta balanceándose al límite de lo ecosoportable, se nota quizá más que nunca antes. Y sin embargo, si se analiza con objetividad, se verá que el mundo está no sólo mejor, sino muchísimo mejor que hace pongamos cien o doscientos años. La energía negativa oscurece el entendimiento analítico y llama al desencanto, al desánimo y la inoperancia. Y nos rodea por todas partes. Y afecta. ¿Ves? Ya te lo decía yo. No vas a conseguirlo. Todo es una mierda. El mundo es injusto (sobreentendido: yo soy la víctima de todo esto, claro, pobrecito de mí, es inútil tratar de hacer algo. Y, dicho sea pensado de paso, voy a procurar de que tú tampoco lo hagas, no fueras a dejarme en evidencia).

Todo este caudal de energía es una de las bases mismas de la existencia. El Bien y el Mal, el Yin y el Yan, ángeles y demonios: siempre son dos fuerza contrapuestas que se balancean y hacen que todo viva. También podríamos significarlo en clave matemática: E=mc2  Energía y materia son la misma cosa en distintas formas de presentación, fluctuando eternamente. ¿Materia negativo, energía positivo? Algo así, vaya usted a saber.

La cuestión es que la energía que nos rodea y afecta es mayoritariamente negativa, y no se combate con buenas palabras y propósitos positivos sino tan sólo ignorándola. Esto no es fácil, porque penetra por todos los poros de la mente ametrallada por los medios de comunicación, por el entorno, por la compañía de personas negativas y apesadumbradas, por las advertencias y las profecías agoreras. Sin embargo, la capacidad de transmutar tan potente energía invirtiéndole la polaridad es una alternativa magnífica. ¿Cómo se hace?

Una importante tienda de ropa de moda de una ciudad americana fue asaltada una noche por un grupo de individuos que se llevaron algo de dinero que había en la caja, pero también artículos de vestir, collares y sombreros de señora. Todo quedó grabado por las cámaras de vigilancia del establecimiento. Entonces, con estas imágenes, los dueños montaron un spot publicitario para televisión donde se veía el robo mientras una voz off de locutora decía condescendientemente: "Sabemos que muchos estáis desesperados por conseguir los preciosos artículos de nuestras tiendas. Pero no hace falta que las asaltéis. Desde hoy tenemos enormes descuentos de hasta el cuarenta por ciento." Y si son ustedes religiosos y desean un ejemplo de transmutación de la energía negativa menos prosaico les ofrezco éste: Jesucristo está clavado en la cruz mientras unos legionarios romanos hacen escarnio de él, se ríen y le clavan una lanza. Respuesta de Jesucristo: "padre, perdónales porque no saben lo que hacen."

Se requiere cierta entereza, algo de creatividad y cabeza fría para lograrlo. Pero observen ustedes la vida a su alrededor, su día a día. Encontrarán mucha energía negativa convertible. No toda lo es, efectivamente, pero piensen por ejemplo en la posibilidad de usar la presencia de actuaciones negativas como referente didáctico de anti-comportamiento es decir, de lo que no hay que hacer. Los niños pronto aprenden a hacerlo solos. ¿Pero qué es eso que estás mirando? Vaya escenita que dar en un programa infantil -comenté un día a mi hija que estaba viendo la tele. No pasa nada, papá, dijo ella, es que éste es el malo.


































lunes, 14 de enero de 2013

NEUROBICS








Si usted cuida de su cuerpo haciendo deporte o jogging o fitness con más razón debería practicar neurobic, un entrenamiento mental que activa y mantiene el cerebro en forma. Ya sabe: el cerebro es el conductor, y todo el resto sigue. ¿Cómo podemos mejorar el cerebro? Tal como lo hacemos con un músculo. Con ejercicio y dieta apropiada.

¿En qué consistiría pues el ejercicio cerebral o fitness mental llamado neurobic? Bueno, pues si jugando  al fútbol usted practica deporte físico, jugando al ajedrez practica deporte mental. El neurobic es al cerebro lo que el aerobic es al cuerpo, es decir: una sistematización de movimientos que conducen a la modulación deseada del cuerpo (aerobic) o del cerebro (neurobic). La modulación será evolutiva o preventiva, según los estados, los objetivos y las edades.

Parece ser que el cerebro tiene un sistema neurológico zonal determinado para cada habilidad formada. Por ejemplo: si usted sabe conducir (o domina un idioma), hay una red específica que se ocupa de ello. Esta red concreta acaba estando tan bien configurada que su mente puede ponerla en modo automático, lo que hace que usted conduzca o hable ese idioma sin pensar conscientemente que lo está haciendo. Magnífico, ¿verdad? Y qué práctico. Ahora bien: este mismo sistema neurológico funciona de manera tan estandarizada que con el tiempo se va petrificando, y se llega a convertir en un hábito marmóreo, y a la mente le cuesta aceptar novedades en él. Por tanto deja de evolucionar, y es así que con la edad le resulta cada vez más difícil adaptarse a circunstancias nuevas, a mejoras y no digamos ya a cambios radicales. La rutina facilita la vida pero va limitando la actividad cerebral.

El neurobic propone innumerables ejercicios sistemáticos para conducir la mente por fuera de las autopistas neurológicas habitualmente transitadas, como los que siguen a modo de ejemplo:

Cepillarse los dientes con la mano izquierda
Vestirse a oscuras
Ponerse el reloj en la muñeca derecha
Leer en voz alta un poema empezando por la última línea
Mirar fotografías cabeza abajo
Usar el mouse con la izquierda 
Intercanviar el valor de dos piezas al jugar al ajedrez (caballos son álfiles y álfiles son caballos)
Practicar rutas alternativas para llegar a casa
Cambiar los muebles de lugar y los objetos de cajón
Guardar la calculadora y hace las cuentas aritméticas con papel y lápiz

Etcétera. Y quizá el más importante de todos: situar la mente en la postura mental de un opinión contraria, tratando de analizarla  y entonces argumentar en favor de ése punto de vista. Naturalmente, como en el gimnasio, estos ejercicios hay que realizarlos repetidamente durante un cierto tiempo para que tengan efecto.

Otro tipo de neuróbico interesante consiste en descubrir el reglamento de un juego a base de jugarlo. Esto es especialmente aplicable a los videojuegos digitales y electrónicos que se encuentran hoy día por todas partes y, cómo no, en la red. Pero también es posible practicarlo con juegos tradicionales. Recuerdo que un día le pedí a un niño de cinco años (que no conocía el juego de La Oca) que me mostrara cuáles serían, según él, las reglas del juego, y al cabo de unos días de ir experimentando acabó con un reglamento mucho más imaginativo que el original. Hay mucho más neurobic en tratar de averiguar cómo funciona algo que aplicar las reglas dadas tratando que aquello funcione de la mejor manera posible.

Hay que complementar el neurobic con una dieta apropiada, ya lo sabemos: frutas, verduras, mucho pescado, un poco de carne, nada de bollería. Pero hay alimentos específicos que parecen directamente diseñados para la mejora de las funciones cerebrales, siempre ingeridos con moderación: el huevo, las bayas del bosque, el aceite de oliva extra virgen, uvas con piel y pepitas, plátano, chocolate y cacao, café, un poco de vino tinto, té verde, mejillones, levadura de cerveza... Y aún con mayor moderación: Ginko biloba, guaraná, bebidas con taurina, colas... Finalmente: salir a respirar aire puro todos los días, a fondo, para oxigenar el metabolismo completo. El cerebro agradece el oxígeno, su principal carburante.

Leer mucho y escribir mucho son los mejores neuróbicos. Leer algo que haga pensar, escribir lo que se piensa y se opina y se siente (aunque no lo vaya a leer nadie) tonifica y mantiene alerta el cerebro de forma natural y persistente. Memorizar: números de teléfono, pins y puks y contraseñas; nombres de personas y de países y de ciudades; líneas de autobús o de metro o de lo que sea. Parece un ejercicio absurdo pero no lo es. Cada día estamos utilizando menos la memoria por el acceso inmediato que tenemos a la información guardada en nuestro móvil o en nuestro ordenador. Este ejercio es útil.

En el cerebro, lo que no se usa se pierde. Y se trata de retrasar al máximo el proceso de senilidad. Por eso hay que empezar lo antes posible. Y esto me recuerda ahora la abuela de una amiga mía, señora muy mayor y divertida, que le decía: "hija, si pasas por la farmacia tráeme un paquete de aquellas pastillas para la memoria que ahora no me acuerdo cómo se llaman"