jueves, 20 de junio de 2013

TEORÍA DE LA ILUSIÓN





La ilusión hizo al hombre semidiós.

Cuando alguien tiene la amabilidad de preguntarme cuál es el factor más importante para el buen desarrollo de un proyecto y su exitosa realización, siempre contesto que es una construcción mental similar a un precioso celofán de color con el que se envuelve la estructura imaginativa o diseño mental del proyecto. Este celofán se origina en algún lugar del hipotálamo emocional y, aunque no se sabe muy bien dónde, sí se sabe bastante bien cómo. Le llaman ilusión, y por cierto no sé si el nombre de esta emoción es muy acertado puesto que, a título de diccionario, la ilusión es la percepción de una realidad falsa.

Pero también hay un sentido positivo, que es el de esperanza cuyo cumplimiento resulta especialmente atractivo. ¿Tener ilusión o ser un ilus@? La semántica impone una dependencia del grado de posibilidad de realización pero seguramente, si no fuera por los ilusos, la humanidad sería actualmente una mera estirpe de chimpancé. De ilusión también se vive y se puede ser feliz. De ilusión y trabajo juntos no sólo se vive y se es feliz, sino que se llega a donde se quiere llegar.

La ilusión y su hijo mayor, el entusiasmo, son una familia de auténticos emprendedores. Con ellos se puede llegar a todas partes, incluídas ésas que todas las personas razonables desaconsejan. Sin entusiasmo jamás se llega al Polo Sur o se construye el Canal de Suez porque, sin el ilusorio celofán que las envuelva, las acciones físicas se descoyuntan y se desploman por el camino. Así que una gran dosis de ilusión debe ir inyectándose en el brazo físico del esfuerzo sostenido, durante todo el recorrido, y entonces el objetivo será alcanzado más pronto o más tarde, sin remisión. Sencillo y difícil a la vez.

¿Cómo se crea la ilusión en la mente? Hay que partir de una idea. Por loca que sea, pero bien formada. Que sea visible en la mente. Que pueda proyectarse con facilidad. Que pueda evocarse todos los días. Y entonces hay que definir un objetivo descrito en espacio y en tiempo. El recorrido entre ambos, de A (idea) a B (realización) se llamará expectativa, que es una especie de esperanza atractiva y energética. La mente humana es muy emocional, y todos sus pensamientos están pergeñados por este maravilloso (y a veces nefasto) lastre que es la emoción. Y es ella la que, hábilmente gestionada, lleva al triunfo, entendiendo por ello la consecución del objetivo.

La ilusión en los ojos de un niñ@ es una experiencia conmovedora. Nadie como ellos vive en permanente estado de ilusión, lo que les permite habitar un metamundo donde nada es imposible porque es mágico. A medida que crecemos esta magia se va desvaneciendo diluída en el crudo salfumán de la realidad. Y finalmente, se llega a una edad donde han terminado las ilusiones.

No tiene por qué ser así. Si se generan proyectos, se generan ilusiones. Ninguna mente, a ninguna edad, debe estar sin proyecto. En Escandinavia, donde es frecuentísimo que la gente vaya a cursos durante el invierno, me llamó la atención ver grupos formados por jubilados estudiando, por ejemplo, italiano, o jardinería, o informática. Le pregunté a una señora muy mayor por qué estudiaba italiano.

-Io voglio parlare con gli italiani, bellissima lingua...  -me contestó. Voy a ir a Lecce en verano para estudiar il barroco leccese y, de paso, visitar a mis nietos que viven en esta población. ¿Conoce los magníficos monumentos de la ciudad? Por algo la llaman Florencia del Sur, ¿no lo sabía? ¿Qué me dice, que a usted también le gustaría ir? Pues si no tiene reserva a estas alturas será difícil que encuentre hotel. Así que de momento... no se haga demasiadas ilusiones.






























miércoles, 22 de mayo de 2013

EL EFECTO PLACEBO





























La psique de los cerebros humanos es el más potente de los medicamentos. Aunque no el único, claro.

Hace años tuve una época que me encontraba sumamente desmotivado; todo me resultaba absurdo y me preguntaba por qué hacía lo que hacía. Se lo comenté a una amiga mía, doctora en psiquiatría y de mente no todavía demasiado maltrecha por el exceso de pacientes.

-Te daré algo que no suelo recetar si no sé exactamente con quién trato -dijo misteriosamente sacando un frasco de un pequeño armario contiguo-, tiene unos efectos espectaculares. Sólo son vitaminas y extracto de plantas, pero combinadas de manera excepcional. Una cápsula todos los días al almorzar.

Al mes, yo volvía a estar al antiguo nivel. Las cosas habían cambiado mucho. Había invitado un día a cenar a mi amiga psiquiatra y al poco tiempo empezamos una relación intermitente que duró dos años, hasta que ella decidió casarse con su antiguo novio. Fui a la boda y, bailando con ella, le dije que no sabía si el éxito de aquel tratamiento se debía a las cápsulas que me recetó o a mi  intermitente pero intensa relación con ella.

-Yo creo que ambas cosas a la vez -contestó la picarona-, ahora te puedo decir que el medicamento que te dí está compuesto básicamente de agua y azúcar. Pero combinado con amor se despliega maravillosamente y produce resultados asombrosos.

Normalmente el Placebo es una substancia inerte que se suministra a un paciente o sujeto experimental sugestionándole en el sentido de que es un fármaco quasi-mágico que aliviará su dolor o curará su enfermedad. Si la sugestión es adecuada, los efectos producidos son una "curación psicológica" que, como puede comprenderse, es más que suficiente en casos de hipocondría. En casos de enfermedad importante y real que debe ser tratada con una terapéutica especializada para eliminar la patología, el placebo puede ser magníficamente complementario, especialmente en pacientes pesimistas. Pero hay que prevenir el efecto Nocebo, que se produce cuando el paciente pesimista se sugestiona negativamente creyendo que lo que se le suministra agravará su dolencia o su dolor, porque en este caso se consigue exactamente lo contrario a lo pretendido. Y existe otro efecto aún más sorprendente: experimentar una mejoría sustancial al tomar la medicación sabiendo que es un Placebo. Esto ocurre probablemente porque, aunque la mente racional sí lo sabe, la mente inconsciente no lo cuestiona y pone en marcha las mismas actitudes positivas que desencadenan la circulación de endomorfinas de signo positivo por la galaxia cerebral.

Todo esto ilustra la tremenda influencia de la psique sobre el sistema metabólico, al verse que las actitudes mentales hacen circular, por la red neuronal, un torrente de sustancias que condicionan y modifican la biología misma del individuo, que no deja de ser el resultado de lo que su cerebro piensa. Sin embargo estos fenómenos no tienen lugar en tiempo real, y así pues el individuo es hoy una consecuencia de lo que pensó ayer, y será mañana resultado de lo que pensó hoy. Siempre en el marco de su propia genética familiar (que es algo que marca la tendencia general) y de otras tendencias socio-culturales de influencia menor, y por tanto la modificación metabólica global (si la hay) suele tener lugar en tiempo futuro.

La mente humana es sorprendentemente optimista, y piensa constantemente que el futuro será mejor. De ahí  su gran éxito evolucionario, resultado de seguir luchando e intentando y empujando aún cuando las esperanzadas se hayan esfumado; actitud que la hizo superior a los animales, que son seres que al sentir inferioridad, abandonan. El gran resultado de la farmacopea se debe sin duda a que es muy útil desde el punto de vista fisiológico, pero probablement no es menos cierto que esas ganas de sentirse mejor han llegado a originar una fe ciega en los medicamentos, que acaban haciendo el mismo efecto tanto si sus componentes son realmente terapéuticos como si no lo son tanto o no lo son nada.




miércoles, 8 de mayo de 2013

LA DOCTRINA DEL CAMPEÓN (15)








IDEAS Y PENSAMIENTOS QUE AYUDAN A CONFIGURAR UNA MENTALIDAD GANADORA




Si usted hace algo más de una vez obtendrá un mejor resultado
En economía, toda frase breve es falsa
Las cuestiones realmente difíciles suelen resolverlas los inocentes
Nunca pregunte a un peluquero si cree que usted necesita un corte de pelo
Las personas interesantes son mujeres con pasado y hombres con futuro
Toda revolución acaba evaporándose y dejando el timo de una burocracia renovada
Un campeón@ se procurará más oportunidades de las que normalmente se presentan
Un hoy es igual a diez mañanas
Una síntesis es igual a diez análisis
Un ratón nunca confía su vida a un sólo agujero
Sin acción no se levanta el porrón
Las suposiciones son la madre de todos los líos
En todo trabajo de un genio podemos reconocer nuestros pensamientos rechazados
Si usted puede distinguir entre buenos y malos consejos, usted no necesita consejos
Para vivir hay que mirar adelante, pero la vida sólo se comprende mirando hacia atrás


















jueves, 25 de abril de 2013

LOS PATRONES DE LA MENTE






Hoy, mientras me afeitaba, he estado paseando por la zona del Canal Beagle que, partiendo de Ushuaia, llega hasta  la bahía de Lapataia, cerca de la frontera de Argentina con Chile. Después he volado por encima de la isla de Hornos, donde está el famoso cabo, y no he necesitado avioneta. La última vez hice este mismo paseo en la realidad física. Pero hoy lo he hecho todo con la imaginación, con una musiquilla de fondo que yo mismo me he inventado para amenizar el periplo mental.

¿Quién me estaba afeitando mientras tanto? Bueno, no sé, no recuerdo haber sido yo. Pero la verdad es que he terminado completamente afeitado, de la manera que a mí me gusta y sin corte ni incidencia de ninguna clase. ¿No es asombroso? Pues no. Como todos los días desde hace años, hay en mi cerebro una zona de habilidad afeitativa que se encarga de esta tarea. Es un pequeño(!) cúmulo de neuronas con las conexiones necesarias entre ellas para ocuparse eficazmente (gestionar todos los movimientos y utilizar los artículos necesarios) del afeitado de mi cara sin que mi mente esté allí.

Hay miles de estas zonas de habilidad adquirida en el cerebro para completar tareas específicas que pueden ponerse en modo automático si así se desea: montar en bicicleta, hablar inglés, cocinar una paella, abrocharse los zapatos, conducir un coche, recitar poemas, interpretar una radiografía...  Miles y miles de habilidades construídas como módulos neuronales que operan tanto si la mente se ocupa de ellas como si se ocupa de otra cosa o le da por quedarse en blanco. Por no hablar de las habilidades neuronales directamente inconscientes como las que mantienen los latidos del corazón, el parpadeo o avisan con el hambre y la sed y el sueño que hay que comer, beber, dormir...

Pero detengámonos en las habilidades adquiridas. ¿Quién las construye?  El pensamiento, auténtico mouse del cerebro, deposita cada día capas de voluntad visualizada que desarrollan neuronas que empiezan  a trabajar en un sentido concreto. Con la redundancia, las conexiones interneuronales específicas de este proyecto van multiplicándose, remultiplicándose, siempre conectadas entre ellas así como con el resto del sistema cerebral global. Todos los días pensando cómo nadar, escuchando instrucciones, nadando, volviendo a intentarlo, imaginando los movimientos, repitiendo el pensamiento, repitiendo la voluntad de hacerlo. Y finalmente un día ya se sabe nadar, y la zona neuronal sigue trabajando y cada vez se nada mejor, y se sigue entrenando la mente y el movimiento y el estilo y la forma física... y quién no sabía nadar hace un par de años hoy empieza a ganar competiciones de natación. La zona de habilidad específica se ha desarrollado con este uso y ahora funciona al cien por cien.

Cualquier proyecto que imagine la mente humana puede ser diseñado en la imaginación y luego implementado en el mundo real. Bastará un pensamiento definido y sostenido en el tiempo que irá creando la zona de habilidad cerebral que se ocupará de ello. Luego, un esfuerzo físico también sostenido deberá seguir si es que se quiere pasar este objetivo, de la mente, a la realidad física.





















jueves, 11 de abril de 2013

AMPLIANDO LA SUPERFICIE COGNITIVA DEL NIÑ@







Los cerebros preescolares son un globo hinchable todavía deshinchado. En la medida en que los educadores (básicamente los padres) seamos capaces de irlo hinchando progresivamente, la superficie irá aumentando y podrá albergar más emociones y más conocimiento. El periodo 0 a 5 años es crucial, casi definitivo, en este sentido. El cerebro preescolar deberá recibir mucho amor (seguridad), mucho cariño-caricias (confianza) y mucho juego (entrenamiento mental para la futura realidad).

Con esta base cognitiva establecida, el niñ@ será muy receptiv@ a nuevo saber, y no sólo aprenderá con facilidad, sino que habrá desarrollado un gusto por aprender. Es como un archivador vacío en el que vamos colocando nuevas carpetas, así que las posibilidades de guardar elementos informativos son mucho más extensas. Y cuanto más le enseñemos (juguemos), más conocimiento reclamará. Y entonces habrá que enseñarle a autoaprender, que será decirle: ahora cuéntame el cuento tú a mí.

Para los educadores es una experiencia fascinante y divertida. En un sencillo pero inteligente libro titulado Juegos para hacer pensar a niños de 1 a 3 años, la educadora americana Jackie Silberg presenta una serie de actividades elementales para estimular el desarrollo mental de los más pequeños, con una preciosa dedicatoria que dice: "Este libro está dedicado a la capacidad de maravillarse y disfrutar de la vida que tienen los peques" Los juegos están clasificados por orden de edades. Por ejemplo, de 18 a 21 meses, algunos de los juegos propuestos son:

Muecas en el espejo
El gato y el ratón
Arriba y abajo
Cambiar la voz
El amigo imaginario
Palabras y más palabras
Quiero mucho a una persona
Hablemos y cantemos
Salta y brinca
Los animales hablan
¿Dónde estoy ahora?
El escondite inglés

El cerebro crece a una velocidad extraordinaria los primeros años de la vida humana: es un momento excepcional que hay que aprovechar porque no volverá a repetirse en la vida. Y en efecto: ¿dónde invertir mejor que en la educación de los niños que son el futuro más inmediato? Sólo hay que fijarse en que los países que destinan más recursos a la educación son los más avanzados del mundo. Las experiencias de la primera infancia tienen un impacto definitivo en el cerebro, determinado por unas conexiones neuronales originales sobre las que se irán construyendo las sucesivas que posteriormente arraigarán sobre aquellas. Todo se aprende jugando.

Juegos envueltos en la magia del amor y las caricias. Será la base cognitiva sobre la que edificar una personalidad  de sensibilidad y conocimiento del ciudadan@ futuro, si es que creemos que la construcción de una sociedad culta, amable y solidaria todavía es posible.

















viernes, 29 de marzo de 2013

CON QUÉ PENSAR









El pensamiento racional, generado al parecer a partir de una finísima pátina que envuelve el cuerpo general del cerebro, es muy limitado, porque sólo puede procesar el cinco por ciento de la información que recibe. Por ello pasa la mayor parte del tiempo seleccionando lo que le parece esencial de la enorme masa de información entrante, que trata de analizar prescindiendo de detalles. Porque el cerebro como un todo, a través de los instrumentos perceptivos que son los sentidos, recibe constantes lluvias de información que se procesan y almacenan en esta gran masa inconsciente, donde quedan archivadas y se computan tranquilamente para la toma de decisiones posteriores.

¿Dónde toma el cerebro humano las decisiones? En el inconsciente. Cómo los cerebros animales, en base a la información retenida esto es, la experiencia. Antes de que el consciente haya determinado racionalmente si tú me gustas o no, el inconsciente ya lo ha decretado. Me gustas. Mientras tanto, va llegando lentamente esta conclusión al pensamiento consciente. No sé... Creo que me gustas, Sí, me gustas. Me gustas mucho, estoy segur@, me encantas.

Así que, puesto que las decisiones las tomaría el inconsciente en base a la enormidad de datos de los que dispone (o experiencia), durante el periodo de tiempo que tarda el resultado en llegar al consciente -como unos seis o siete segundos-, tendríamos el único momento mental en que podemos de verdad ejercer el libre albedrío. Porque al pensamiento racional  le cabe sólo en este instante la posibilidad de cambiar: de todos modos, no, gracias. O a pesar de todo, sí. O no me da la gana. O ahora, no. La mente nos lleva habitualmente a un fantástico y cómodo y a veces peligroso automatismo de tomar decisiones sin  pensar conscientemente: de hecho el 95% o más de nuestras actuaciones diarias son automatismos predeterminados. Sólo el 5% restante nos convierte en animales racionales.

Parece poco, pero este 5% nos ha llevado a conquistar el planeta, dominar los animales y la misma naturaleza, viajar a la luna, hablar instantáneamente con cualquier persona situada en cualquier lugar del planeta, volar por los aires y nadar por el fondo de los mares, desarrollar increíbles tecnologías para nuestro confort... Pero no es menos cierto que en el núcleo inconsciente anidan también los sentimientos y las emociones que son auténticos lastres o motores de los actos humanos. La verdad es que el cerebro dispone de muchos niveles con qué pensar aunque los dos más conocidos, popularmente, son: pensar con el corazón y pensar con la cabeza, y con ellos nos vamos a quedar ahora.

Pensar con el corazón es un maravilloso dejarse conducir por las emociones. ¿Maravilloso? ¿Dependerá la maravilla  de qué clase de sentimientos sean los que nos arrastren? ¿O acaso son igualmente maravillosas las emociones  positivas y las negativas? Sentimientos y emociones: ¿la pasión del amor? ¿la rabia de la envidia? ¿la compasión por los que sufren? ¿el odio por los que son distintos? ¿el amor de una madre? ¿la ilusión de un proyecto? ¿lo incierto de un resultado? ¿el miedo a lo desconocido? ¿El entusiasmo de un viaje? ¿El morbo de una película de terror? Pensar con la cabeza, en cambio, no suele resultar emocionante pero sí productivo: un cálculo lo más lógico y razonable posible, tratando de desprender de esta razón las emociones debilitantes. Aburrido aunque certero. Que hace progresar. Que empuja hacia adelante. Que encuentra soluciones. Que genera riquezas. Que instala sinergias. Pero sólo en la medida de lo posible, ya que emociones atrapadas y encerradas en el saco acaban surgiendo por las rendijas de la consciencia racional como lo hacen los hierbajos por los agujeros del césped artificial, y tienden a desviar el resultado en favor de la mente ilógico-impulsiva (que es la que tira más fuerte, que es la que nos hace errar pero que es la más divertida).

Y pues ¿cómo llegar a campeón@ de la vida? ¿Con el corazón o con la cabeza?

Con el corazón, con el corazón. Pero sin perder la cabeza.


















martes, 5 de marzo de 2013

CREACIÓN DE CIRCUNSTANCIAS




Decía una vez un pescador submarino en tono jocoso que siempre que había querido pescar un buen pez y llevarlo a casa para comérselo había tenido que estar en buena forma física, dominar la técnica de la apnea, sumergirse muchos metros, nadar por el fondo, esconderse detrás de las rocas y ser un buen estratega conocedor de los fondos marinos y de los movimientos y hábitos de los distintos peces. Y que en toda su vida, nunca, nunca, ningún pez había llamado a la puerta cuando él estaba mirando la televisión diciendo: hola! puedes pescarme si quieres.

Y aunque esto parezca sólo una divertida broma, esconde una gran verdad. La actitud de la mente perdedora es lamentarse, no hacer nada y esperar aburridamente que una extraña buena suerte la beneficie, sin más, con su aparición. Naturalmente, eso no ocurre jamás. Los peces no van a casa a beneficiar a ningún llorica perezoso. Aquel pescador, en cambio, ponía en marcha unas circunstancias que se materializaban en forma de oportunidades que depués hábilmente sabía aprovechar.

Una mente ganadora es un fabricante permanente de circunstancias, que son espacios donde fructifican las oportunidades. Las circunstancias creadas por el pescador ya han sido descritas. ¿Qué circunstancias podrá fabricar el comerciante, el deportista, el científico, el maestro, el empleado? Todas las que quiera. Si ama su profesión, usa su creatividad y está preparad@, las circunstancias creadas generarán oportunidades de diversos calibres. Sólo quedará aprovecharlas. Unas veces podrá ser y otras no. No hay que preocuparse: las circunstancias que se sigan creando se irán transformando en nuevas oportunidades.

La mayor parte de la gente cree que la suerte, o la buena suerte, es una especie de regalo que cae alguna vez del cielo sobre algún afortunad@ que no ha hecho nada para merecerla. Qué suerte ha tenido, exclaman entre asombrados y envidiosos. Pero el campeón@ sabe que, si tal cosa como la suerte existe, la única con la que cabe contar es la fabricada por un@ mism@: el resultado de haber plantado algo en el terreno preciso en el momento correcto.